Cuando hablamos de glaucoma, lo primero que viene a nuestra mente es una enfermedad visual asociada a gente mayor. Sin embargo, existe un tipo de glaucoma que aparece desde los primeros meses de vida y aunque es poco común, puede afectar la visión de manera permanente si no se detecta y trata a tiempo.
En este blog te contamos todo lo que debes saber sobre el glaucoma congénito: qué es, causas, síntomas y cuál es su tratamiento.
¿Qué causa el glaucoma congénito?
En la mayoría de los casos es de origen genético, aunque también puede asociarse a síndromes congénitos o malformaciones oculares. Es importante aclarar que no está relacionado con infecciones o cuidados durante el embarazo.
Síntomas del glaucoma congénito
A diferencia del glaucoma en adultos, el glaucoma congénito sí suele presentar síntomas visibles. Los más comunes incluyen:
Lagrimeo excesivo
Sensibilidad a la luz
Ojos agrandados o con apariencia más grande de lo normal (debido a la presión ocular alta)
Córnea opaca o nublada
Parpadeo frecuente o necesidad de frotarse los ojos constantemente
Molestia o irritabilidad al estar en lugares iluminados
Estos signos pueden confundirse con otras condiciones, pero si persisten, es muy importante consultar a un oftalmólogo pediatra.
¿Cómo se diagnostica el glaucoma congénito?
El diagnóstico se realiza mediante un examen oftalmológico especializado, que incluye:
Medición de la presión intraocular
Evaluación del nervio óptico
Revisión del ángulo de drenaje del ojo
Considera que en algunos casos, el examen se realiza bajo sedación o anestesia, ya que los bebés no pueden cooperar completamente.
¿Cómo se trata el glaucoma congénito?
El tratamiento principal del glaucoma congénito suele ser quirúrgico, ya que el sistema de drenaje debe corregirse físicamente para permitir el flujo normal del humor acuoso. Para ello, existen diferentes tipos de cirugía, dependiendo del caso.
En algunos niños, también es posible brindar tratamiento mediente gotas oftálmicas para controlar la presión.
¿Cómo prevenir el glaucoma congé?
No se puede prevenir, ya que es una condición de origen congénito. No obstante, se puede detectar a tiempo, especialmente si hay antecedentes familiares o si se observan signos como los mencionados anteriormente.
Además, acudir a revisiones pediátricas completas y estar atentos al comportamiento visual del bebé puede hacer una gran diferencia.
¡Cuida tu salud visual!
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