Es una de las dudas más comunes entre los mexicanos cuando empiezan a manejar tarjetas, contratos o
préstamos. La respuesta corta es sencilla: si alguna vez has solicitado un servicio financiado a tu
nombre, la respuesta es sí.
Sin embargo, estar registrado no es una condena ni una lista de cobro. Formar parte de estas bases de
datos solo significa que existe un expediente que muestra cómo has manejado tus compromisos
económicos a lo largo del tiempo.
¿Cómo se crea tu expediente financiero?
En el momento en que contratas un producto (desde una tarjeta departamental, un plan de telefonía
celular, hasta un crédito automotriz o hipotecario), la empresa emisora reporta esa apertura a las
Sociedades de Información Crediticia.
A partir de ese instante se empieza a construir tu historial crediticio, el cual funciona como una carta
de presentación ante cualquier institución a la que le pidas financiamiento en el futuro.
Ese archivo incluye datos clave sobre tu desempeño:
Tus antecedentes de pago: Refleja si eres puntual o si has tenido atrasos.
Cuentas abiertas y liquidadas: Muestra los saldos vigentes y las deudas que ya finiquitaste.
Límites otorgados: Indica cuántos recursos tienes disponibles y qué porcentaje estás utilizando.
Estar registrado(a): ¿es bueno o malo?
Existe el mito de que aparecer en estos registros es algo negativo. La realidad es todo lo contrario:
no tener un expediente es como ser invisible para el sistema financiero.
Cuando pides un préstamo importante, los bancos necesitan comprobar tu nivel de responsabilidad.
Si no cuentan con antecedentes para evaluar tu perfil, les resultará difícil otorgarte la aprobación.
Un historial crediticio con registros positivos y pagos al día es tu mejor herramienta para abrir puertas a mejores tasas,
plazos convenientes y montos más altos.

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